El tabaco puede nublar tu vista

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El alto contenido de sustancias tóxicas que libera en el torrente sanguíneo de quienes fuman y de los componentes del humo que afecta a quienes les rodean (nicotina, alquitrán, formaldehído, amoníaco, sulfuro de hidrógeno, entre otras), el consumo de tabaco contribuye al desarrollo o agravamiento de enfermedades tales como:

Degeneración macular: se produce cuando se daña una parte de la retina llamada mácula, lo que provoca que se pierda la visión central y no se puedan ver los detalles precisos, con lo que se dificultan actividades como leer, identificar rostros y manejar. Los fumadores tienen el doble de probabilidad de desarrollar degeneración macular que quienes no lo hacen.

Cataratas: se desarrollan cuando el cristalino se opaca, lo que impide el paso de la luz. Trae consecuencias que van desde vista borrosa hasta ceguera. Quienes fuman tienen de dos a tres veces más probabilidades de padecer cataratas que quienes no fuman.

Glaucoma: las personas que fuman corren más riesgos de tener problemas en el nervio óptico, órgano naturalmente afectado por esta enfermedad. El nervio óptico conecta el ojo con el cerebro, por lo que los daños que sufra pueden tener como consecuencia la ceguera.

Retinopatía diabética: ocurre cuando se dañan los vasos sanguíneos de la retina, con consecuencias que van desde la vista borrosa o distorsionada hasta la ceguera; los fumadores que también tienen diabetes corren mayor riesgo de padecer esta enfermedad.

Uveítis: consiste en la inflamación de la úvea, que es la capa intermedia de la pared ocular, lo que provoca ojos rojos, dolor y problemas de visión.

Otro de los problemas más comunes a consecuencia del humo del tabaco es el ojo seco, que se presenta cuando los ojos no tienen suficientes lágrimas o dichas lágrimas no son de suficiente calidad para cumplir su función. Fumar, o estar cerca de quienes lo hacen, aumenta la propensión a sentir los ojos ásperos, así como a sufrir ardor, picazón y enrojecimiento.